Yarritu presenta, Quach escucha
Los Gourmets de Tarragona llegaron al carrer Pons d'Icart con una expectativa inusual. La sala ya estaba preparada: mesa larga de madera maciza, sillas de terciopelo verde y mostaza, luz cálida, litografías de Joan Miró sobre la piedra vista. En el centro de cada cubierto, la tarjeta que lo resumía todo: Tarraco · Desde la época romana hasta la actualidad.
El presidente de la asociación, Juan Manuel Rodríguez Yarritu, tomó la palabra para presentar el restaurante y su chef. Habló de El Terrat como un proyecto construido con convicción, sin atajos, y de Moha Quach como un cocinero que ha crecido en Tarragona, que conoce su territorio y que ha sabido convertir su biografía en propuesta gastronómica.
Quach respondió con un breve parlamento. Sin estridencias. Agradeció la visita y soltó la frase que resumía la noche: cocino lo que soy, con lo que tenemos aquí. Luego volvió a la cocina.

Dos salsas, un solo nombre, cien años de confusión

Tomó el micrófono Emili Mateu, socio de los Gourmets y pozo de sabiduría gastronómica. Su disertación sobre el romesco fue uno de los momentos más valiosos de la noche, y no salió de ningún plato.
Emili dejó clara una distinción que mucha gente confunde: el romesco como salsa —nyora, tomate, avellanas y ajo— y el romesco como guiso —el plato de pescadores del Serrallo, con pescado, patata y pimiento—. Dos preparaciones, un solo nombre, orígenes y funciones bien distintas.
El momento cumbre: Emili explicó que el romesco original se hacía con el pimiento de romesco, variedad genuina de Tarragona que creía desaparecida. Moha Quach, que escuchaba con los brazos cruzados y una sonrisa sutil, intervino: 'Lo estamos recuperando.' Una variedad que algunos productores del Camp están volviendo a cultivar. La tradición vuelve por el mismo camino de siempre: el mercado, la tierra y los cocineros que preguntan.
Un sector que trabaja por el producto y el territorio
Habló Àngel Pérez, director del Grupo El Pósito. Su parlamento fue un elogio generoso a El Terrat y a todo el entramado gastronómico local que trabaja, a menudo en silencio, para poner el producto y el territorio en el centro. No se trata de un solo restaurante, sino de un ecosistema que avanza.
🎍 El trofeo de honor
Los Gourmets de Tarragona hicieron entrega a Àngel Pérez del trofeo de honor de la velada, en reconocimiento a su trayectoria y a su apuesta por la gastronomía del territorio. Lo recibió con la misma generosidad con que había hablado.
Entrega del trofeo de honor a Àngel Pérez, director del Grupo El Pósito
Cuatro vinos de una sola denominación
El representante del celler Josep Foraster acompañó cada pase con una explicación precisa y apasionada. Cuatro vinos, una sola denominación, un argumento claro: el territorio lo tiene todo. Ningún Priorat. Ninguna Ribera del Duero. Conca de Barberà de principio a fin.
1r pase
Lilla
Mètode Ancestral · Josep Foraster
2n pase
Brisat del Coster
Macabeu · Josep Foraster
3r pase
Trepat Serra de Miramar
Trepat negre · Josep Foraster
Tancament
Trepat Rosé Cava
Trepat rosat · Mètode tradicional
Los cuatro vinos de Josep Foraster: Lilla (Mètode Ancestral), Brisat del Coster (Macabeu), Trepat Serra de Miramar i Trepat Rosé Cava
Agua de rosas y servicio impecable
El primer gesto del servicio fue un lavamanos de agua de rosas. Una tradición de raíz amazigh, presente en la cultura del Magreb desde siglos, que Quach incorpora como bienvenida porque es parte de quien es. En treinta segundos, antes de que nadie hubiera probado nada, el menú ya había dicho su primera palabra.
El servicio de sala fue impecable durante toda la velada. Presente sin ser intrusivo. Atento sin ser obsesivo. Uno de los pilares invisibles de una noche que no tuvo ninguna grieta.
AperitivosUn viaje por el Rif
El menú arrancó con cinco aperitivos que construían un relato geográfico y biográfico a la vez. La versión de la ensalada marroquina abrió con acidez y frescor. La remolacha con manzana verde y espuma de aceituna negra —servida en copa de color carmesí intenso— sorprendió por el equilibrio entre dulzor y amargor. El merengue crujiente de remolacha con queso en salmuera y harissa aportó el primer golpe de especias del Magreb: suave, pero inequívoco.
Y entonces, el briwat en dos pasos: el pastelito triangular marroquí de hígado de pollo y piel crujiente, seguido del buñuelo líquido del mismo briwat. La misma idea en dos texturas, en dos temperaturas, en dos momentos. Un ejercicio de técnica que no pretendía impresionar. Pretendía explicar.
El briwat en dos pasos — crujiente triangular de hígado de pollo y buñuelo líquido
Homenaje a la cocina catalanaTàrraco en el plato
Si los aperitivos eran el Rif, los entrantes eran Tarragona. El empedrat de bacallà en texturas llegó en un bol de piedra volcánica negra —uno de los contrastes visuales más potentes de la noche—. La espuma blanca del bacalà, la base naranja intensa, la trufa, los guisantes y las flores. Un plato que habla de la cocina catalana de siempre con una ejecución que no renuncia a nada.
Y después, el romesco de gamba roja de Tarragona. Las gambas del Serrallo dispuestas alrededor del romesco, la espuma en el centro, las hierbas. Con la disertación de Emili Mateu todavía fresca en la memoria, el plato adquiría una dimensión extra. No era solo un entrante excelente. Era la conclusión de una lección.
Tajine de cordero lechal
El plato de carne cerró el círculo narrativo del menú. El tajine de cordero lechal —cocción lenta, confitada, brillante— sobre un cremoso de boniato especiado con mini zanahorias. La carne se deshacía sola. La salsa tenía profundidad. Era un tajine pero no era un tajine: era el recuerdo de un tajine filtrado por años de cocina catalana y técnica contemporánea.
Tajine de cordero lechal — cocción lenta, glasa brillante y cremoso de boniato especiado
El cierreTexturas del Valle del Rif
El postre fue el regreso definitivo. Menta, fresas, yogur y helado de rosas —colores vivos, contrastes de temperatura, ligereza—. Un postre que no quiere cerrar con rotundidad. Quiere dejar una sensación de frescor y de nostalgia a la vez. Como un paisaje del Rif que Quach lleva dentro y que de vez en cuando saca a la luz.
Texturas del Valle del Rif — menta, fresas, yogur y helado de rosas
Los petit fours —esferas lacadas, bolitas de coco, bombones de chocolate con fruta confitada, dispuestos en círculo sobre cerámica artesanal— fueron el punto final. Bellos y buenos. Como había sido toda la noche.
Los petit fours — esferas lacadas, bolitas de coco y bombones sobre cerámica artesanal
El reconocimientoEl diploma de los Gourmets
Al cierre de la velada, los Gourmets de Tarragona entregaron a Moha Quach el diploma acreditativo de la visita. Con el diploma en las manos y la sonrisa amplia de alguien que sabe que la noche ha ido bien, Quach posó para la foto junto a la junta. Era un momento sencillo. Pero tenía peso.
Entrega del diploma de los Gourmets de Tarragona a Moha Quach · El Terrat · 7 de mayo de 2026
Nuestra miradaSin competencia real en Tarragona
Sales de El Terrat con la sensación de haber comido en un lugar que sabe exactamente lo que es. No hay dudas en la propuesta. No hay platos que intenten gustar a todos. Hay una cocina con una voz propia, construida durante años, arraigada en el territorio y honesta hasta la última cucharada.
La pregunta que el sector se hace —si no es El Terrat, ¿quién podría traer la primera estrella Michelin a Tarragona?— no tiene respuesta fácil. Pero después de esta noche, la pregunta tiene menos interrogante que nunca.
La valoración definitiva llegará en la Gala de finales de año. Pero el veredicto de la velada fue unánime: ningún plato decepcionó, todos se ejecutaron con excelencia, y Tarragona, por una noche, se sintió exactamente en el lugar que le corresponde en el mapa gastronómico catalán.